185.- ¿QUIÉN SOY?


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La majestuosa sala, que es una de las que se emplea para celebrar en ella banquetes, es blanca en todo: en sus paredes, en el techo, cortinajes, tapices, lámparas y la mayoría de objetos que la decoran. Ahí hay quince mujeres charlando entre sí…

Pero en cuanto Jesús separa la gruesa cortina y aparece en el umbral, un silencio absoluto se impone.

Todas se levantan y se inclinan con el mayor respeto.

En el rostro de Jesús no hay la menor señal del dolor experimentado un momento antes.

Con su maravillosa sonrisa, dice con amabilidad:

–                La paz sea con vosotras.

Juana de Cusa contesta por todas:

–               La paz sea contigo, Maestro. Nos mandaste avisar que viniéramos y aquí estamos. Yo te obedecí y también vinieron Valeria, Plautina y Marcela. Es tan hermoso sentirnos hermanas, al creer en Ti… Esperando que también otras que te aman, eleven su alma como lo ha hecho Valeria.  –y mira a Plautina de manera muy significativa…

Jesús le contesta:

–                       Los diamantes se forman lentamente, Juana. Son necesarios siglos de fuego en lo profundo de la tierra… No se debe tener prisa… No te desanimes jamás…

–                       ¿Y cuándo un diamante se vuelve ceniza?

–                       Señal es de que todavía no era un diamante perfecto. Son necesarios paciencia y fuego. Comenzar de nuevo esperando en el Señor. Lo que la primera vez produce desilusión, la siguiente vez se convierte en triunfo.

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Magdalena interviene:

–                       O a la tercera. O a la cuarta. Yo fui una desilusión muchas veces, pero al fin triunfaste. ¡Rabonní!

Martha suspira y dice:

–                       A María le encanta humillarse, recordando su pasado.  –que quisiera que nadie lo recordase.

–                       Es verdad hermana. Me siento contenta y lo hago para impulsarme a subir; empujada por el recuerdo del mal que hice y para agradecer al que me salvó. Y también para que quién duda de sí mismo, cobre ánimos y pueda llegar a la Fe que mueve montañas.

Juana suspira:

–                       Tú la posees. Dichosa tú que no conoces el temor…

–                       Si fui intrépida en el Mal, ahora que soy propiedad de mi Salvador; con mayor razón. Todo me ha servido para aumentar mi Fe. ¿Puede alguien como yo, que fui resucitada espiritualmente; que he visto resucitar físicamente a mi hermano, dudar de algo? No. Nada me hará dudar jamás.

Plautina dice:

–                       Mientras Dios esté contigo. Esto es, mientras el Rabí lo esté. Pero Él anda diciendo que pronto nos abandonará, ¿Qué pasará entonces a nuestra Fe? Es decir, a vuestra Fe. Porque yo no he logrado rebasar los límites humanos.

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Magdalena contesta:

–                       Su Presencia o ausencia material, no afectará mi Fe. No tendré miedo. No es soberbia mía. Es que me conozco. Si las amenazas del Sanedrín se llevasen a cabo… No temeré…

Plautina insiste:

–                       ¿Qué puedes temer? ¿Qué el Justo o sea justo? Esto, ni yo.  Creemos en él como muchos sabios cuya sabiduría gustamos y añadiría que nos nutrimos con la vida de su pensamiento, aún siglos después de que han desaparecido de la tierra.  Pero si tú…

Magdalena la interrumpe:

–                       Yo ni siquiera temeré a su muerte. La Vida no puede morir. Resucitó a Lázaro, que es un pobre mortal.1Rembrandt, the Raising of Lazarus

–                       No resucitó por sí. Sino que el Maestro llamó a su espíritu de ultratumba. Y es el único que puede hacerlo. Pero, ¿Quién llamará a su espíritu, si lo matan?

–                       ¿Qué quién? ¡Él Mismo! Esto es, Dios. Dios se hizo por Sí Mismo.

–                       Algo difícil para nosotros de admitirlo; pues sabemos que los dioses se engendran por amores divinos.

Magdalena concluye:

–                       Por amores irreales, querrás decir.

Plautina responde calma:

–                       Como quieras…

Y antes de que pueda proseguir.

Magdalena se adelanta…

–                       Pero el hombre no puede por sí resucitarse. Así piensas, ¿No es así?…  Como Él por Sí Mismo se hizo Hombre, porque nada es imposible al Santo de los santos. Así, Él se dará a Sí Mismo la orden de resucitar. No puedes comprender esto. No conoces las figuras de nuestra Historia de Israel. Él y sus prodigios están escritos en ella.

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Magdalena se vuelve hacia Jesús:

–                       De antemano creo, Señor. Creo todo. que Tú Eres el hijo de Dios. El Hijo de la Virgen. Que eres el Cordero de Salvación; que eres el Mesías Santísimo. Que eres el Libertador y Rey Universal. Que tu Reino no tendrá fin, ni límites. Que la muerte no prevalecerá sobre Ti, porque la Vida y la Muerte son cosas que Dios ha creado y le están sujetas como todo lo demás. Creo.

Y si será un gran dolor el verte desconocido, despreciado, mayor será mi Fe en Tu Ser Eterno. Creo. Creo en todo lo que está predicho acerca de Ti. Creo en todo lo que dices. Supe creer y obedecer por todos y reaccioné contra aquellos y contra aquellas cosas, que querían persuadirme para que no creyese.

Sólo al final de la prueba cometí un error… Pero hacía tanto tiempo que duraba… Ahora no dudaría en creer, aun cuando el sepulcro haya conservado dentro su presa durante meses. ¡Oh, Señor mío! ¡Yo sé Quién Eres! ¡El fango ha conocido a la Estrella!

María se ha acercado a sus pies. Se le queda mirando con su actitud de adoradora, con su cara levantada hacia su Rostro.

Jesús pregunta con seriedad y un amor infinito:

–                       ¿Quién Soy?

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María declara:

–                       El Que Es. Eso Eres. Lo demás, la persona humana, es el vestido necesario que llevas sobre tu Luz, sobre tu Santidad, para que pudieras venir a salvarnos. Es el velo de carne, para que pudiéramos verte sin morir. Eres Dios. Eres mi Dios.

Y se arroja a sus pies y se los besa. Parece como si sus labios no quisieran desprenderse de los pies desnudos del Salvador, que se asoman bajo su túnica.

Y Él la envuelve en una mirada llena de amor y le dice:

–                       Levántate María. Procura tener siempre ésta Fe robusta. Levántala como una estrella en las horas borrascosas. Para que los corazones se afirmen y sepan esperar, por lo menos…

Luego se dirige a todas:

–                       Os mandé llamar porque en los días que están por venir, no vamos a poder estar juntos con calma. El mundo nos rodeará… A los corazones les gusta guardar sus secretos, como al cuerpo su pudor. Hoy no soy el Maestro, sino el Amigo.

Os he llamado a vosotras, flores de Israel y del Nuevo Reino y a vosotras, flores de gentilidad, que abandonan las sombras para entrar en la Vida.

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Grabad en vuestro corazón para los días que están por venir, que el honor que tributáis al Perseguido Rey de Israel, al Inocente Acusado, al Maestro que no se le escucha, mitigue mi dolor.

Os pido que todas estéis muy unidas; ayudándose mutuamente a llegar y permanecer en la Verdad. Consideraos como hermanas que el destino ha traído a mí alrededor en estos últimos días de mi vida mortal…

Al oír esto, todas comienzan a llorar…

Jesús dice:

–                       ¡No lloréis! Sois de lugares, idiomas y costumbres diferentes; que dificultan el entenderse bien. pero el amor tiene un solo lenguaje que consiste en hacer lo que el  Amado enseña. Y hacerlo para darle honra y alegría. En este punto todas debéis entenderos. Y las que más entiendan, ayuden a las demás. Después… en un futuro no muy lejano; en circunstancias diversas, volveréis  dividiros por las regiones de la tierra.

Unas, regresando a vuestros lugares nativos. Otras yendo al destierro que no os pesará; porque las que lo sufran comprenderán perfectamente la verdad de que, no el estar aquí o allí forma la verdadera patria, pues ésta es el Cielo. Porque quién está en la Verdad, está en Dios y tiene  Dios consigo. Está en el Reino de Dios y éste no conoce fronteras.

En donde quiera que estéis, estaréis en el Reino, si siempre estáis en Jesús. He venido a  reunir a todas las ovejas… Sed siempre obedientes a los pastores. Comportaos como hijas para con mi Madre.

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Ella os guiará. Puede guiar tanto a las jóvenes como a las viudas; a las casadas, a las madres; pues Ella ha conocido todos estos estados de la vida, no solo por experiencia; sino también por conocimiento sobrenatural.

Amamos y amadme en María. Nunca os engañaréis, porque Ella es el Árbol de la Vida; el Arca Viviente de Dios. La Forma de Dios en la que la Sabiduría se hizo un Trono y la Gracia se hizo Hombre.

Os he hablado y os he visto. Ahora quiero escuchar a mis discípulas. Las que tengan algo que decirme, háganlo ahora; porque después no habrá  momentos tan tranquilos…

Afuera se ha desatado la tormenta.

Y todas prudentemente se retiran para que de una en una, puedan platicar con Jesús. Primero las que tienen que regresar…

Entran juntas, Juana de Cusa y Valeria.

Una preocupada y la otra que aunque está pálida y suspira, pero es la que tiene más valor.

Juana dice:

–                       ¡Oh, Maestro! Cusa será una veleta, un calculador; pero no es un mentiroso. Él me ha asegurado que Herodes no tiene ninguna intención de hacerte daño… De Poncio… No sé nada.

Y mira a Valeria que guarda silencio.

Después de otro suspiro, Valeria dice:

–                       Maestro, yo… Mis familiares tratan de convencerme para que regrese a Italia, pero no volveré. He traído conmigo a Marcela para que te viese y comprenda que no me quedo aquí por un amor vergonzoso por un hebreo. Para nosotros es una deshonra.

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Sino porque en Ti he encontrado a Dios y el consuelo de una mujer repudiada. Marcela no es mala; ha sufrido y comprende. Pero todavía no es capaz de comprender mi nueva religión. Me regaña un poco, pues piensa que es una quimera. No importa. Si quiere, vendrá a donde estoy. Soy libre, rica, puedo hacer lo que quiera. Y no obrando mal, realizaré lo que más me agrade.

Jesús pregunta:

–                       ¿Y cuándo el Maestro no esté más?

Valeria contesta:

–                       Quedarán sus discípulos. Plautina, Lidia, la misma Claudia que después de mí, es la que más te sigue por Doctrina y la que más te honra; creen conocerme…  Pero yo sí estoy segura de conocerme…  Tanto es así; que te aseguro que si pierdo mucho al perderte; no perderé todo, porque quedará en mí la Fe.   Permaneceré en donde ella nació y te conocí. No Quero llevar a Fausta a donde nada le hablará de Ti. Aquí… Todo habla de Ti. Y ciertamente no vas a dejarnos sin guía, a quienes hemos querido seguirte.

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¿Por qué debo ser yo la gentil, la que piense en estas cosas; cuando muchas de vosotras y tú misma Juana, estáis como atolondradas pensando en el día, en el que el Maestro no estará más entre nosotros?

Jesús dice:

–                       Porque ellas Valeria; por muchos siglos se han acostumbrado a una inmovilidad. A pensar que el Altísimo está allí en su Casa, sobre el altar…  Invisible y que solo el Sumo Sacerdote ve, en las ocasiones solemnes.

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Esto las ayudó a venir a Mí. Finalmente podían acercarse también ellas al Señor. pero ahora tiemblan de miedo, por no tener al Altísimo en su gloria, ni al Verbo del Padre entre sí. Hay que saber compadecer…

Levanta el corazón, Juana. Yo estaré en vosotros, recuérdalo. Me iré, pero no os dejaré huérfanos. Os dejaré mi casa que es la Iglesia. Mi Palabra, que es la Buena Nueva. Mi Amor habitará en vuestros corazones.

Al final os dejaré un regalo mayor que os alimentará de Mí y hará que no solo espiritualmente esté entre vosotros y en vosotros; sino que os dará consuelo y fuerzas. Ahora es necesario que estéis unidas, muy unidas.

Valeria pregunta:

–                       ¿No podremos ir a donde estés?

–                       En estos días seré como un relámpago que pasa veloz y desaparece. Subiré al Templo por la mañana y luego saldré de Jerusalén. Sólo en el Templo y a hora temprana me encontraréis.

Juana dice:

–                       Cusa tiene mucho influjo en Herodes. Quisiera que arrancara del Tetrarca una promesa a favor tuyo; así como Claudia trata de arrancarla de Pilatos…

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Cusa solo me refiere frases vagas de Herodes…Dice que él, lo único que desea es verte realizar un milagro y que no te perseguirá. Con ello cree poder calmar los remordimientos de su conciencia, que tiene por la muerte de Juan el Bautista. Y que no levantará su mano contra Ti, porque, ¡Tiene mucho miedo!

–                       Y dice la verdad. No levantará su mano contra Mí. Muchos en Israel no lo harán; porque tienen miedo de condenarme materialmente. Pero pedirán que lo hagan otros; como si hubiera alguna diferencia ante los ojos de Dios entre quien golpea bajo la presión de un pueblo que así lo quiere y el que lo hace golpear.

Valeria dice:

–                       ¡El pueblo te ama! Se están preparando grandes fiestas en tu honor. Pilatos no quiere tumultos. Ha reforzado las guardias en estos días. ¡Oh, Señor! espero que…

Juana:

–                       ¡Oh! Ya no sé qué espero…

Jesús dice:

–                       Ruega Juana. Y estad en paz. Piensa en que jamás has causado dolor alguno a tu Maestro y que Él lo tiene presente. Podéis iros.

Jesús las bendice y Juana sale muy pensativa.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

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