41.- INICIO DE LA RUINA DE ISRAEL


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El camino de Anzio no es accidentado, ni largo. La ciudad está compuesta de palacios y casas de campo construidas y amuebladas con lujo. En ellas se puede encontrar todo cuanto se puede exigir para una vida cómoda y con los refinamientos más exquisitos.

Es una ciudad construida para el recreo de los patricios de Roma…

Al tercer día de estar en Anzio, Nerón fue informado del fracaso romano en Judea y la derrota de Cestio Galo. Disimuló la consternación y el terror que le acometían cuando se ve forzado a distraer su atención de lo que le causa placer, para tener que afrontar problemas graves.

Y en apariencia se mostró jactancioso y muy airado; achacando cuanto había acontecido a la negligencia de los jefes romanos…

Y despreciando lo sucedido, deliberó a quién debía encargar de los asuntos de Oriente y que castigase a los rebeldes judíos, poniéndolos como ejemplo para evitar que la enfermedad de la rebelión se extienda a las naciones colindantes.

Haloto le recordó que Vespasiano en su juventud le había ayudado a Claudio a pacificar a los germanos y a Britania.

Él tiene la experiencia del ejercicio de la guerra, además de que sus hijos también son militares y Vespasiano tiene la habilidad para el triunfo.

De todo esto, Nerón sacó un presagio favorable y llamó a Vespasiano.

Cuando el general se presentó ante él, le anunció:

–           Escúchame muy bien Tito. Quiero que a esos perros judíos les des una lección que le sirva a todas las provincias, para aprender lo que significa desafiar las águilas romanas. Te ordeno que arrases su nación y que de su famoso Templo, no quede piedra sobre piedra. Porque el mensaje debe ser muy claro, para cualquiera que esté pensando en hacer lo mismo que Israel.

Vespasiano hizo el saludo militar al emperador y contestó:

–           Entendido majestad. No quedará piedra sobre piedra. Cumpliré lo que has ordenado. Israel será arrasado completamente.

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Nerón hizo una seña a Epafrodito y un esclavo se apresuró a escribir:

–           Tomarás el mandato de las legiones que están acantonadas en Siria y recogerás  de Alejandría, las legiones Quinta y Décima. He aquí el  poder para que reúnas a los ejércitos de los reyes aliados. ¡Si es necesario, perderemos una provincia rica para nosotros; pero convertiré a esa nación en un desierto, solo pasto para las fieras del campo! Ningún levantisco judío volverá a ser libre…

El esclavo le entregó la vitela y Nerón estampó su sello con su anillo de rubí.

Luego la enrolló  y se la entregó a su general.

Vespasiano y Tito partieron a cumplir lo ordenado y Nerón se quedó fastidiado.

Con este ánimo se puso a leer su poema sobre la destrucción de Troya y lamentó no haber podido jamás presenciar el espectáculo del incendio de una ciudad.

Luego de un momento de silencio, dijo:

–           Envidio a Príamo. Ha sido muy afortunado al asistir y contemplar, el incendio y la ruina de su ciudad natal.

Tigelino replicó al punto

–           Pronuncia solo una palabra, ¡Oh, divinidad! Tomaré en mis manos una antorcha y antes de que termine la noche, verás arder a Anzio.

–           ¡Calla, necio! ¿Y entonces a donde podría ir yo a respirar las brisas marinas, que son las que me conservan este don de los dioses que debo proteger para el bien de la humanidad?

¿Acaso no es Roma la que me hace daño? Son las exhalaciones de sus barrios infectos, las que aumentan mi ronquera…  

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Y se quedó mirando al vacío, como si contemplara una visión extática.

Y dando un gran suspiro añadió:

–           ¿Y el incendio de los palacios de Roma, no ofrecerían un espectáculo mil veces más trágico y grandioso que el de Anzio?

Y todos empezaron a comentar esta eventualidad. Previendo la  terrible catástrofe que  constituiría el cuadro de una ciudad como Roma, envuelta en llamas.

De la ciudad que era capital del Imperio que había conquistado el mundo y se viera convertida en cenizas…

Nerón declaró:

–           Si hubiera esa emergencia, mi Poema sería más grande que los cantos de Homero. Y yo reconstruiría la ciudad, alrededor de la Domus Áurea. Sería una urbe grandiosa moderna. Pero sería necesario darle otro nombre…

Y empezó a desarrollar su sueño fantasioso de la ciudad que admiraría la posteridad y que no sería superada jamás.

–           ¡Hazlo! ¡Hazlo! -exclamaron muchos de sus embriagados oyentes.

Vitelio dijo:

–           Sería un homenaje para el mejor artista de todos los tiempos. Podríamos llamarla Nerópolis.

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El César contestó:

–           Menester sería para ello, que yo tuviera amigos más fieles y abnegados.

Marco Aurelio se alarmó.

Pero luego pensó que todo era una locura y puntada de borrachos. Pues por insensatos que fueran el César y sus amigos, no se atreverían a poner en práctica una idea tan demencial. ¿O sí?…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

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