53.- EN LA ESCUELA DEL SUFRIMIENTO II


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Pablo continúa la lección en la Escuela de Apolonio:

EL SUFRIMIENTO REDENTOR

Redimir quiere decir rescatar a las almas de la tiranía de Satanás.

Jesús vino para restablecer en la naturaleza humana, el orden tan terriblemente turbado por el Pecado Original.

Jesús unió la Naturaleza Divina a la Humana, para dar a la Divinidad la debida satisfacción y reparación por parte de la Humanidad.

Y para dar nuevamente a la Naturaleza humana y degradada por el Pecado, su primera dignidad.

Y esto ha exasperado terriblemente en Satanás la sed del Odio, de Envidia y de Celos hacia el hombre.

Por todo esto, no se puede justificar el mal que los hombres hacen, aún empujados por Satanás. Porque el hombre ya es libre y las Redención ha establecido el Orden y el equilibrio trastornados.

Exactamente por medio de la Redención, al hombre le son proporcionados los medios necesarios para enfrentarse y superar las tentaciones.

Si el hombre complaciente, da oídos a la voz del Mal, lo hace bajo su responsabilidad.

Porque voluntariamente rechaza los frutos de la Redención; camina sobre una pendiente peligrosa en la que fácilmente resbala, descendiendo de precipicio en precipicio, hasta el fondo del Abismo.

El sufrimiento es el alma del Amor.

Al presente me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.

Es ley natural que el sufrimiento de un órgano se refleje y repercuta en todos los demás órganos del cuerpo. Así también la Redención iniciada en la Encarnación y consumada en la Cruz, se completa en todos los miembros del Cuerpo Místico, con el sufrimiento, hasta el Fin de los Tiempos.

Nuestras acciones humanas nunca son solo personales. Sus consecuencias buenas o malas NO son solo personales, sino que repercuten positiva o negativamente en todo el Cuerpo Místico, del que cada uno somos miembros.

Por eso el cristiano, nunca es más cristiano que cuando sufre. Porque con su sufrimiento se une más a Cristo y completa el Misterio de la Redención y triunfa en el Dolor, en la Humillación y en la Persecución.

No se debe tener miedo de sufrir por amor a la Justicia y a la Verdad.

Por mí, no quiero sentirme orgulloso de nada, sino de la Cruz de Cristo Jesús nuestro Señor. Por Él, el Mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo, y llevo en mi cuerpo, las señales de Jesús.

María fue educada en el Templo. Era erudita en las Sagradas Escrituras y como Esposa del Espíritu Santo, poseía la Luz. Al aceptar la Maternidad Divina, sabía muy bien lo que iba a ser de Ella.

María fue la verdadera sacerdotisa del Calvario, porque en la cima, se ofreció a sí misma junto con el Cordero de Dios.

La víctima se destruye. La víctima se consume. Ella debió destruir su Corazón de Madre y sacrificó e inmoló cada uno de sus sentimientos, repitiendo su ‘FIAT’ y junto con Jesús: ‘No se haga mi voluntad, sino la tuya’ Solo un amor sobrenatural es capaz de tal prodigio.

María como SACERDOTISA  ha testimoniado a Dios y a los hombre la más grande prueba de su amor que consiste NO solo en sacrificar la propia vida, sino también la de AQUEL a quien más se ama.

Debéis grabar en vuestra mente y comprender en vuestro corazón, que el Misterio de la Cruz se renueva incesantemente, pues en el Santo Sacrificio de la Misa, junto con Jesús se renueva  la Pasión.

Y las almas-víctimas somos inmoladas en unión con Jesús y con María, ofreciéndonos al Eterno Padre.

Estamos presentes en el Ofrecimiento en unión con Cristo; disponiéndonos para aceptar, sufrir y ofrecer: dificultades, incomprensiones, insultos, ofensas y todo nuestro sufrimiento en general; tal y como Jesús lo ha hecho.

Y somos las lámparas vivientes delante de sus altares.

Hay que estar dispuestos a proseguir en el Camino de la Cruz, sin olvidarnos de que Él va adelante.

Él ya no puede sufrir físicamente. Pero moral y espiritualmente, Jesús tiene un sufrimiento infinito.

¿Quién puede comprender y narrar sus sufrimientos? Creerlo insensible ante la ceguera de muchos y a los Pecados contra Él, quiere decir NO conocerlo. Se redime con Él, en la medida en que se sufre. No se debe tener miedo. Hay que escuchar su Voz.

Hay que agradecerle el privilegio de haber sido escogidos para una misión grandiosa. Él permite la Persecución para habituarnos a NO buscar apoyo en creatura alguna, sino solamente en Él.

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Satanás hace de todo para desanimar, para cansar y abatir. ¡No hay que ceder! Su Rugido puede sobresaltar, pero si nosotros como almas-víctimas sabemos usar los medios que Jesús ha puesto a nuestra disposición, podemos convertir el rugido en un maullido lastimero.

Se sufre, sí. Pero el sufrimiento es levadura de perfección para el alma y de salvación para los demás.

Hay momentos en que es imposible explicar lo que se sufre. Se siente en el alma un completo desamparo, como si se estuviese muy lejos de Dios. El cuerpo se encuentra sin fuerzas y sin ánimo para nada.

Es como si estuviésemos atrapados entre las muelas de un molino. ¡Harina de hostias! ¡El Infierno nos odia y nos combate! Pero no hay nada que temer. Si Jesús está con nosotros ¡Quién contra nosotros!

Los sufrimientos físicos, morales y espirituales, son fermentados por el Espíritu Santo y trasmutados en Luz, amor y Gracias para muchas almas que sin coparticipación en la Pasión, estarían eternamente perdidas.

Los sufrimientos deben ser aceptados con humildad y abandono, para que Dios los transforme en Gracias para salvar a otras almas y fortalecer el Cuerpo Místico que es la Iglesia.

Ningún discípulo es más que su Maestro. Y si Jesús sufrió tanto para redimir a los hombres, el que sigue la estela del Maestro ¿Sufrirá menos?

Amar el sufrimiento nos permite llevar a cabo la Misión que Dios nos ha encomendado.

Recordad que la vida de la víctima no tiene satisfacciones humanas, sino sobrenaturales. Jesús Víctima Suprema no tuvo durante los treinta y tres años de vida terrenal, tantas injurias cuantas recibió, durante las pocas horas que van desde el Getsemani hasta el Gólgota en su Muerte.

Pero fueron precisamente aquellas horas, las que hicieron de Él, el Redentor. Por ahora, solo en Él debemos esperar consuelo. Finalizada la Prueba, tendremos la dicha de leer en el Libro de la Vida, los nombres de los salvados con nuestro sufrimiento. Y unidos a Jesús, estaremos en la Paz.

El no querer sufrir es falta de amor a Dios. Y acarrea un gravísimo daño a nuestro espíritu. Y corremos el peligro de matar nuestro espíritu, por un infame egoísmo espiritual, que es la trampa más solapada de Satanás para destruirnos.

Conviene pagar las deudas con Divina Justicia en el tiempo y no en la Eternidad.

Es mejor aprender a amar en la Tierra, con la ayuda del Espíritu Santo, que en el Purgatorio, donde la Ausencia de Dios, es el Supremo Tormento.

El que llega a amar a Dios con un amor total y absoluto, comparte con Jesús bebiendo de su cáliz, la gota o el sorbo de amargura que la Predilección de Dios tenga a bien concederles.

Es una señal de su amor privilegiado y la da a quién es generoso y sabe hacer renuncias y penitencias, para completar la Obra de la Redención.

Dios es Bueno. Él también sufre por tener que llevarnos por el Sendero del Sufrimiento, que Él caminó primero.

Sufrió al separarse de Sí Mismo y esforzándose por ser Hombre, con todas las miserias y angustias que el ser humano lleva consigo: nacer, tener frío, hambre, cansancio, padecer sarcasmos, calumnias, afrentas, odios, asechanzas, traiciones y morir derramando la Sangre con una muerte brutal, para darnos el Tesoro de la Salvación.

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Esto es lo que sufre Dios para salvarnos. El Padre celestial contempla consternado la manera tan infame con que el hombre desprecia la Salvación y pisotea la Sangre de su hijo.

Ningún hombre, por más difícil que sea su sendero que lleva al Cielo, caminará por una vereda tan amarga, fatigosa, llena de dolor, como la que va caminando el Hijo del Hombre, al venir del Cielo a la Tierra y de la Tierra al Sacrificio que abre las Puertas del Cielo.

Él busca corazones que le ayuden a soportar la amargura de la Pasión. Jesús sufrió el cansancio corporal de Evangelizar sin detenerse. El cansancio moral de buscar amor en los corazones, sin encontrarlo más que en muy pocos. Él NO es insensible al rencor y lo lastiman los que lo odian sin motivo, con las conjuras para matarlo y las traiciones de los que fingen ser sus amigos y son espías de los enemigos.

En el eterno Presente de Dios, los que se dicen cristianos pero NO le aman, toman los diferentes papeles de los integrantes del drama, que relata el Evangelio. Pues aún entre los que dicen amarlo hay nuevos Judas que lo venden por los denarios de los ídolos y del Racionalismo. Él fecundó con su Sangre las Tablas de la Ley.

El camino que nos traza lleva sus huellas ensangrentadas. Nuestras almas las hace puras y fuertes, al lavarlas con su Sangre. Él Mismo nos hace capaces de obedecer los Mandamientos que nos exige, para llegar a Él.

Si no olvidamos que en nuestro sufrimiento está Él y también su Sufrimiento que es Infinito, lograremos darle besos y sonrisas, junto con nuestras lágrimas, unidos a una voluntad heroica, de amarlo hasta el sacrificio y la muerte si fuera preciso.

La Pasión de Jesús es un mar dolorosísimo, en el que se lavan los pecados de todo el mundo. Y un mar de Odio satánico en el que se trata de sumergirlo a Él y a todos los que son amados por Él, para aniquilar todo su trabajo de Maestro.

El hombre que no está totalmente sumergido en el amor de Dios, por más fuerte que sea, termina por doblegarse ante el sufrimiento y pierde su combate con Satanás.

            COMO APRENDER A SUFRIR

En el Paraíso nos espera la felicidad total y absoluta. Y si los que están allá, pudieran formular un deseo, sería solo el de volver a la Tierra, para centuplicar en tiempo y en intensidad, los sufrimientos.

Las almas-víctimas en lo que les falta por vivir, deberán sufrir mucho, pero será un sufrimiento fecundo, de mucho bien y bastantes méritos.

Y no le agradecerán nunca a Dios lo suficiente, por el gran don que han recibido por su elección, porque a este don está ligada la salvación de muchas almas. ¡Qué felicidad por el puesto que les han asignado para el Plan Divino de la Salvación!

Por larga que sea la existencia y áspera la Prueba, siempre serán desmesuradamente inferiores en extensión y profundidad, respecto a la eternidad y la beatitud que nos esperan.

Por fuertes que sean las causas y los agentes que nos hacen sufrir hay que pensar que Dios nos ha dado agentes y causas de fuerza y de victoria, infinitamente más grandes que los que nos atacan y nos afligen: la Gracia, los Sacramentos, la Palabra Evangélica.

Breve. Siempre breve es la Prueba terrena, respecto a la Eternidad. Y relativos son el sufrimiento y la Cruz, respecto al gozo celestial e infinito, como todas las cosas que vienen de Dios, para aquellos que ya están en el conocimiento de Dios, como hijos suyos y herederos.

Igualmente, siempre serán relativas las humillaciones terrenas respecto de aquella gloria que se manifestará en los elegidos, cuando Dios se comunicará a ellos en una medida plena y perfecta en su grandeza, belleza, conocimiento, fuego de amor.

Su Luz y todos sus atributos y bienes que Él tiende a comunicar en forma relativa, proporcionada al viviente, conforme crece en la vida sobrenatural, vaciándose de sí mismo y de todas las cosas, para recibir a Dios, mientras todavía está sobre la Tierra.

El Reino de Dios es Eterno como su Rey. En la eternidad se conoce una sola palabra: Hoy.

También nosotros debemos conocer solo esta palabra, para medir el tiempo del Dolor: Hoy. ¿Por cuánto sufro? Por hoy. Al Presente. Para las criaturas espirituales, no hay otra cosa que aquello que es de Dios.

También en el Tiempo. Hay que prepararse desde aquí a calcular el tiempo, como lo poseeremos en el Paraíso: ‘Hoy…’

Pablo hace una pausa y Oliver se adelanta. Cómo es un hombre joven y alto, camina con seguridad y los cristianos ya lo conocen y reconocen en él, porque también es un gran profeta, el Instrumento que está siendo impulsado por el Espíritu Santo…

Pablo a su vez también vislumbra la Majestuosa e inconfundible Presencia que irradia el joven  y todos esperan anhelantes…

La expectación NO se ve defraudada. Los cristianos comprenden cuando Oliver eleva la voz y empieza a hablar:

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Hijitos Míos, cuánto agradezco éstos momentos que pasáis frente a Mi Presencia, ante la Sagrada Eucaristía, ante Mi Sagrada Presencia.

Cuánto gozo estos momentos en los cuales comparten conmigo sus gozos, sus sufrimientos, sus necesidades. Yo de antemano conozco vuestras necesidades y vuestros pensamientos, pero cuando os tomáis la molestia de venir ante Mí a compartirlos, NO puedo más que volar hacia vuestras almas y abrazarlas con un amor tan grande que no las dejo expresarse, sobre todo cuando es el arrepentimiento sincero el que os trajo ante Mí.

Vivo entusiasmado en pensar y esperar los momentos en los cuales os acercaréis a Mí y Yo os tomaré y os haré aliviar de vuestras peticiones. Cómo disfruto esos momentos íntimos del alma hijitos míos, pero son tan pocos los que se acercan y Me tienen esa confianza de Padre, de hermano, de amor.

De Mí sólo obtendrán Paz, Gozo y Alivio a vuestras necesidades. Por favor hijitos Míos, compártanme sus vidas, puesto que ellas también Me pertenecen..

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La gran mayoría de vosotros os imagináis que La Redención por todo Mi pueblo se realizó solamente en los últimos tres años de Mi Vida. O sea, en Mi Vida Pública, en Mi Vida de enseñanza. NO hijitos Míos, vuestra Redención se llevó a cabo desde Mi Concepción en el vientre de Mi Madre, la Santísima Virgen María. Desde ése preciso momento Mi Abandono a Mi Padre fue Total.

Yo tenía que crecer como vosotros, sufrir penas y privaciones como vosotros, rechazos y dolores como vosotros, muerte como vosotros. ¿De qué hubiera servido una redención como la esperaban los fariseos? Ellos esperaban a un juez poderoso, adulto, que llegara a exterminar al pueblo romano quienes los tenían sojuzgados.

De haber sido así, mi función hubiera sido sólo de libertador, usando sólo la fuerza humana y exterminando de la misma forma como todos los pueblos lo hacían y los actuales lo siguen haciendo. Hubiera pasado a la Historia como el Gran Libertador del pueblo judío, lo cuál sólo significaba fuerza, poder, inteligencia para la guerra.

¡El Mesías!, el Esperado, el Hijo de Dios, tenía que ser como Su Padre ¡Lleno de virtudes¡ lleno de Gracia, lleno de Amor, lleno de HUMILDAD.

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Acatando la voluntad de Mi Padre, Me humillé, Me hice como vosotros, como sois vosotros menos en el Pecado, para que fuera realmente un ejemplo a seguir. Ya que de una u otra forma, con Mi Ejemplo, vuestras vidas se ven asemejadas a la Mía de la otra forma NO. Como guerrero y libertador sólo sería ejemplo para unos cuantos, un muy limitado número de hombres, hombres de armas.

Yo crecí en perfecto abandono a Mi Padre, aceptando la “cárcel” de Mi Cuerpo, el cuál NO debía mostrar Mi verdadera Identidad como Dios. Solamente cuando “Me perdí” de la caravana en Mi Niñez y Me encontraron Mis padres enseñando a los sacerdotes en el Templo, fue la única vez que mostré Mi identidad como Dios, por Mi Sabiduría y por la respuesta que dí a Mis padres al decirles: ¿Por qué Me buscaban, acaso no saben que tengo que hacer las cosas de Mi Padre?

Palabras que NO comprendieron de inmediato pero que después entendieron muy bien. Después de esto se Me ordena una vida normal y oculta, con sus cruces de cada día, con las delicias de los Amores que Mi Padre Celestial Me daba todos los días, con la vida de Oración continua y profunda que llevaba con El, pidiéndole en todo momento por vuestra salvación y para todos vuestros hermanos de todos los tiempos.

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Yo veía a cada uno de vosotros reflejados en la gente de ése tiempo. No creáis que porque Mi Venida fue hace 2,000 años la condición humana ha cambiado, NO hijitos Míos. Las causas del Pecado son las mismas, lo refinado en el pecar ahora en vuestro Tiempo, es peor. El Demonio ha utilizado las mismas tretas y mentiras para hacer caer al género humano en el pecado, desde que se le quitó la Gracia que tenía, por su pecado y se volvió malo.

El ya no puede crear formas nuevas para hacer caer al género humano, porque por su Pecado ya quedó limitado para siempre, Les puede dar otra cara, otra presentación; pero la esencia del pecado es la misma, por eso Yo os levanto de vuestros pecados ya desde hace 2,000 años.

Mi Abandono al Padre fue siempre total y la única vez que Le dije algo diferente fue, cuando en Mi Pasión Dolorosa, en el Huerto de los Olivos, Le digo: “Si es posible aparte de Mi éste Cáliz, pero no se haga Mi Voluntad sino la Tuya”. Yo veía los atroces sufrimientos que iba a pasar en los tormentos recibidos por los verdugos. Verdugos que eran presa del mismo demonio y que se Vengaban de su Dios, haciéndolo sufrir como Hombre.

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Pero mi Dolor más grande era que Mi Redención que duró 33 años, no los 3 que siempre os imagináis, NO IBA A SERVIR PARA MUCHAS ALMAS. Mi Redención, para muchos de Mis hijos, iba a quedar totalmente fuera de los intereses de su vida. El haber venido a la Tierra para salvarlos o el NO haber venido, para ellos les iba a dar igual. ¡Cuánta ingratitud! Os creéis dioses, cuando apenas sois pequeñas creaturitas tratando de empezar a caminar, pobres hijitos Míos.

Treinta y tres años sufrí por vosotros y muchos de vosotros os quejáis de los dolores, ofensas, malos tratos, desprecios que se os dan en vuestras vidas, en vuestra misión que tenéis para salvar almas, por las que bajasteis a la Tierra. Actualmente vuestra Tierra es un desierto y campo de batalla en donde el Mal se va posesionando cada vez más de Mi Obra de Creación y de la vida de amor que Yo puse en cada uno de vosotros.

El malo os quiere destruir por que sois Míos, como Me quiso destruir a través de los verdugos que Me azotaron y Me rebajaron a piltrafa humana. Mi Fuerza reside en lo espiritual y la vuestra, también. Podrán destruir el cuerpo, pero NO el alma si realmente estáis Conmigo, como Yo lo estaba con Mi Padre.

De ésta forma vuestro “real cuerpo” que es el alma, resucitará gloriosa después de que hayáis aceptado y llevado a cabo con amor y abandono, vuestra Misión. La misión que a cada uno de vosotros se os designó para salvar una o millares de almas.

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No os deis por vencidos, hijitos Míos. El Mal se revuelca en Odio por destruir Mi Obra y NO PUEDE NADA contra aquellos, que permaneciendo en Mí y en Mi Madre, serán la Nueva Estirpe del Nuevo Pueblo de Dios en la Tierra. Acercaos a Mí en vuestras tribulaciones y en vuestras cruces y sabed que Yo ya antes sufrí por vosotros y conozco vuestro Dolor y vuestras debilidades y sólo Yo os puedo comprender perfectamente, porque os conozco desde antes de que nacierais.

Mi Vida de Amor y de abandono se va dando perfectamente en aquellas almas que se confían a Mí y que toman de Mí la Fuerza necesaria para seguir adelante. Aún cuando sintáis que vuestras fuerzas os abandonan y queráis apartar vuestra cruz de sufrimiento, recordad Mi subida al Monte Calvario, cuando Yo llevaba la Cruz a cuestas.

Mi debilidad era extrema, puesto que había perdido muchísima sangre por la Flagelación, estaba en ayunas y no Me habían dejado dormir en toda la noche los verdugos porque se la pasaron dañándoMe físicamente en forma brutal, de una u otra forma. La fiebre por la infección tan grande ocasionada por las heridas de la Flagelación, era muy alta y aún así tomé Mi Cruz. La abracé con cariño, ya que por ella, por Mi Muerte en ella, YO os iba a poder dar vida a todos vosotros.

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Con esto os quiero dar a entender, Mis hijitos que no reneguéis a la Cruz que cada uno de vosotros tenéis. Vuestro sufrimiento se acrecienta según vuestro grado de olvido a Mi Voluntad, a la Voluntad del Padre. O se disminuye cuando os abandonáis a Mi Voluntad y tomáis de Mí, Fuerza y Vida Divina para vencer vuestras flaquezas humanas.

No os agobiéis más, hijitos Míos, en vuestro abandono” en el aceptar Mi Voluntad y en el Interceder y ofrecer con amor verdadero, vuestros dolores y sufrimientos espirituales por aquellos que os causan un Mal. Encontraréis vuestra paz interior, porque entonces estaréis, verdaderamente actuando como Yo, vuestro Hermano Mayor que os dio la Luz, el Camino a seguir y la vida Eterna; gracias al aceptar con amor, el abandono a la Voluntad de Nuestro Padre Dios.

Venid todos a Mí, corderitos Míos, que Yo os preparo los pastos verdes y reconfortantes de Mi Reino de Paz, que recibiréis por haberos hecho uno Conmigo.

“Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad”. Esta frase, hijitos Míos, es la frase que sale del corazón de todos aquellos que ya Me encontraron.

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Esta frase es la frase de la reciprocidad en el Amor. Nadie que reciba y acepte Mi Amor se mantiene estático, porque el Amor es dinámico. Esta frase es la que realiza la separación o la unión conmigo, vuestro Dios. Aquél que NO se ha dejado llenar de Mí, NO PUEDE darse a su Dios ni a sus hermanos. Pero aquellos que se han olvidado de sí y Me dejan a Mi tomar el lugar privilegiado de sus vidas y en su corazón, ya han aprendido a ser verdaderos hijos Míos.

“Aquí estoy Señor, para hacer Tú voluntad”, ha sido la frase de los antiguos y modernos profetas y de todos aquéllos hermanos vuestros a los que la Iglesia ha nombrado santos por sus méritos ejemplares. Fue también la frase que separó al Antiguo, del Nuevo Testamento, cuando fue expresada por Mi Madre Santísima, que quien estando llena del Espíritu Santo, aceptó con docilidad Su Misión.

Al EncarnarMe en Ella, Yo mismo aceptaba Mi Misión, aunque Yo ya había aceptado la Voluntad de Mi Padre desde el momento en que se llevó a cabo el Pecado Original, donándoMe para la Salvación de todo el género humano.

 Esta frase marca la División entre la soberbia con la humildad. De la total Donación con el Egoísmo. Entre el ver la necesidad del hermano, con el verse a sí mismo.  Gracias a ésta frase se han dado los grandes cambios en vuestra historia, marcados por Mis pequeños quienes se han donado como Instrumentos de Mi Amor. Yo NO puedo actuar en un alma si antes NO ha aceptado el que Yo haga Mi Voluntad en ella.

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 Sólo las almas valientes, las almas que tienen sus ojos puestos en Mí, en Mis necesidades, que son las vuestras. Las almas que buscan su perfección en el Amor, las almas donadas hasta al martirio, las almas escogidas que han aceptado su misión perfectamente, son las que pueden decir sin titubear, ésta frase.

Son almas que se dan en totalidad, sin poner restricciones ni condiciones de alguna especie. Simplemente se dan completamente a su Dios, porque han sabido amar y confiar perfectamente en su Dios, sabiendo que a pesar de que en la donación puedan suceder cosas NO muy agradables a su comodidad humana, saben que su Dios estará en todo momento guiándolas y cuidándolas y también saben, que el premio prometido a ésas almas, será MUY grande en el Reino de los Cielos.

Cómo quisiera escuchar, NO de vuestros labios, sino de vuestro corazón, ésta frase de parte de todos vosotros. SI así sucediera, vuestro Mundo cambiaría radicalmente, sería un mundo como nunca lo habéis imaginado, un mundo en donde vuestro Padre Dios habitaría perfectamente y proveyéndoos de Sus regalos excepcionales os satisfarían.

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La muerte, el dolor, la corrupción, el Pecado y todas sus consecuencias desaparecerían, porque vuestro Dios NO puede habitar y reinar en donde el Mal habita. Por eso, al decir de corazón ésta frase, es vuestro Dios en Nuestra Santísima Trinidad, los que inmediatamente entramos a habitar ésa alma y así su Cielo comienza desde ésta vida.

No hay alma que se haya arrepentido de haberse donado con ésta frase tan hermosa: “Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad”, porque Yo vuestro Dios, también respondo a vuestra frase con Mi frase, “Si, gracias, hijito Mío y aquí estoy Yo, Tú Dios, para habitar en ti”. Desde ése momento el alma  recibe el Gran Tesoro que todas las almas anhelan desde que son creadas, el ser tomadas plenamente por su Dios. No hay nada más grande que un alma anhele, que el ser consumida por el Amor de su Creador.

Esto no lo entendéis ahora muy bien, porque tenéis un cuerpo, pero cuando vuestra alma se separe de él, lo entenderéis perfectamente, cosa que ya entendíais antes de bajar a servirMe. El deseo del alma en el Cielo, antes de que os encarnéis para tener una misión en la Tierra, es la de hacer Mi Voluntad. Pero es la carne, ya afectada por el Pecado Original, la que os hace cambiar de opinión por las múltiples tentaciones que el Maligno os pone.

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Por ello debéis luchar afanosamente para hacer y triunfar a vuestra alma sobre el cuerpo con sus pasiones desordenadas, para que logréis alcanzar nuevamente el grado de espiritualidad que teníais antes de bajar a la Tierra y podáis retomar la Donación que prometisteis a vuestro Dios, para hacer Su Voluntad. Por eso, el alma que ya puede decirle a su Padre “Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad”, es un alma que ya ha alcanzado nuevamente su vida espiritual, su vida primaria, su vida de Cielo, que ya luchó contra las Fuerzas del Mal y sus Tentaciones y Triunfó.

Esta frase, hijitos Míos, es la voz de triunfo que sale de los corazones que aprendieron a escoger la mejor parte, que aprendieron a seguir a su Dios y NO al Mundo; que aprendieron a base de caídas y que saben que el Único que puede devolverles su dignidad espiritual Soy Yo, vuestro Dios. Rogad, hijitos Míos por vuestro crecimiento y por vuestro triunfo personal, para que podáis alcanzar la Vida que os tengo prometida, tanto para vosotros como para vuestros hermanos. Para que tan pronto escuche de vuestro corazón el “Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad” Yo, inmediatamente vuele a hacer morada en vuestro corazón.

Que Mi Padre en Su Infinita Bondad, os Bendiga. Que Mi Santo Espíritu os Guíe por la senda del Abandono confiado y amoroso y Yo os Bendigo y os cubro con Mis Méritos para que alcancéis la plenitud y la perfección de vuestra Misión. Yo os Bendigo en Nombre de Mi Santísimo Padre, en Mi Santísimo Nombre y en el Santísimo Nombre de Mi Espíritu de amor.

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La experiencia sublime de ser tomado plenamente como un Istrumento para que Jesús manifestase su Presencia Santísima, llena de tal júbilo a Oliver, que lágrimas de agradecimiento y de éxtasis, corren por el rostro del joven cuando el Amoroso Dios de los cristianos ha derramado sus Bendiciones…

Pablo y todos los cristianos dan las gracias y el apóstol retoma el Tema sobre el que estaba hablando…

“Hermanos, todos los dichosos que ya hemos sido capaces de pronunciar esas benditas palabras: ‘Aquí estoy señor, para hacer Tu Voluntad…’ y hemos sentido la Grandiosa Majestad que la Presencia del Señor imprime en nuestra alma, cuando toma posesión de ella, al imprimirnos delicadamente Su Imagen y Semejanza que nos convierte en verdaderos hijos.

Y nos declaramos listos para proseguir con nuestra sagrada misión de ‘pequeños cristos y corredentores’, es cuando experimentamos la Transfiguración particular que nos identifica con Jesucristo, nuestro Dios Único y Trino…

Porque ES ÉL, el que nos convierte en apóstoles, profetas y mártires…

Yo por mi parte, estoy crucificado con Cristo y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que vivo en lo humano se hace vida mía por la Fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí. También nosotros los apóstoles pasamos hambre, sed, falta de ropa y malos tratos, mientras andamos de un lugar a otro.

Trabajamos con nuestras manos hasta cansarnos. La gente nos insulta y los bendecimos. Nos persigue y todo lo soportamos. Nos calumnian y entregamos palabras de consuelo.

Hemos llegado a ser como la basura del mundo, como el deshecho de todos hasta el momento. Nos preocupamos en toda circunstancia por no dar a otros ocasión de tropiezo, ni de criticar nuestra misión. Al contrario, en todo demostramos ser auténticos ministros de Dios.

Somos muy perseverantes. Soportamos persecuciones, necesidades, angustias, azotes, cárcel, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer. En nosotros pueden ver pureza de vida, conocimiento, paciencia, bondad, actuación del Espíritu Santo y Amor sincero.

En nosotros está la Verdad y la Fuerza de Dios. Luchamos con las armas de la Justicia, tanto para atacar como para defendernos. Unas veces nos honran y otras nos insultan.

Recibimos tantas críticas, como alabanzas. Pasamos por mentirosos aunque decimos la verdad.

Por desconocidos, aunque nos conocen. Nos dan por muertos y vivimos. Se suceden los castigos y todavía no hemos sido ajusticiados.

Nos creen afligidos y permanecemos alegres.

Tenemos apariencia de pobres y enriquecemos a muchos. Parece que no tenemos nada y todo lo poseemos.

¿No han aprendido nada en el estadio? Muchos corren, pero uno solo gana el premio. Corran pues de manera que lo consigan.

Como los atletas que se imponen un régimen muy estricto, solamente que ellos lo hacen por una corona de laureles perecederos, mientras que nosotros lo hacemos por una corona que no se marchita.

Y así como yo, sabiendo a donde voy, doy golpes pero no en el vacío. Castigo mi cuerpo y lo someto, no sea que después de predicar a los otros, venga yo a ser eliminado. Yo no quiero sentirme orgulloso de nada, sino de la Cruz de Cristo, nuestro Señor.

Alégrense en el Señor en todo Tiempo. Les repito: alégrense. Y den a todos muestras de un espíritu muy comprensivo. El Señor está cerca. No se inquieten por nada.

En cualquier circunstancia recurran a la Oración y a la súplica, junto a la acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la Paz de Dios que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús.

Y estimen como la mayor felicidad el tener que soportar diversas pruebas.

Ya saben que al ser probados en nuestra Fe, aprendemos a ser constantes. Procuren pues que esa constancia perfecta se verifique con hechos, para que de ahí salgan perfectos e irreprochables, sin que les falte nada. Y demuestren su Fe con su manera de actuar.

Que la Paz del Señor, esté con todos vosotros…

Pablo ha terminado de hablar.

Marco Aurelio, que ha escuchado desde el principio y  Oliver, se acercan al grupo que rodea a los apóstoles.

Oliver se aproxima a Pedro y le dice en voz baja que lo busca el tribuno.

Entonces Pedro va al encuentro de Marco Aurelio.

Éste le relata todo lo sucedido en Anzio y su Bautismo recibido de manos del Obispo Leonardo. Sus peripecias en la búsqueda de Alexandra y el motivo por el que ha venido a buscarlo.

Finaliza diciendo:

–           Roma está ardiendo por mandato del César. Y solo Dios sabe que calamidades faltan, pues Nerón está loco. Y yo no puedo abandonarte aquí a una destrucción cierta. Por favor, ven con nosotros a Sicilia. –suplica Marco Aurelio arrodillándose ante el anciano Pontífice.

Pedro le responde:

–           Que te bendiga el Señor por tus deseos. Pero ¡No has oído decir que Cristo me repitió por tres veces: “Apacienta mis corderos” Si tú a quién nadie ha confiado la custodia de mi persona, me dices que no me abandonarás a una destrucción cierta, ¿Cómo puedes querer que yo abandone al Rebaño del Señor, en el Día del Desastre?

Toma a tu esposa y a los tuyos y vete a Sicilia. Tu camino apenas empieza. Y debes madurar para que des fruto. Te lo repito: No caerá uno solo de tus cabellos. Ten Fe. Parte con mi bendición y la Paz de Cristo, esté contigo y los tuyos.

Pedro los bendice y los despide.

Y prosigue en la reunión de los cristianos, donde comparte con los obispos, las últimas noticias recibidas y las decisiones pertinentes que deberán tomar…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

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