83.- LUNA DE MIEL PARA ¿TRES?…


PETRONIO jardin volksgarten-600x399En la villa de Petronio, al terminar la tercera semana de evangelización, el viernes por la tarde Diana anunció:

–           Queridos hermanos, los últimos temas en que aprendimos sobre el Juicio Divino es muy importante reflexionarlos durante el fin de semana.

El sábado lo dedicaremos a explicar el importantísimo ritual de la Santa Misa, el Sacrificio Perpetuo y cómo durante su celebración los Cielos se abren y Jesús desciende desde el Cielo durante la consagración, para convertir el pan y el vino, en su Persona Viva… Y de esta manera, se convierte en el Alimento para todos los cristianos.

Conocerán por primera vez como es el Sagrado Ritual  y aprenderán también cómo al participar activamente en la Misa, que es como recibimos todas las gracias y los dones que Dios reserva para sus hijos…  Paulina, Junías y yo,  estaremos disponibles para resolver todas sus dudas y contestar a todas sus preguntas.

Y la semana próxima, el domingo vendrá Pablo para celebrar la Primera Eucaristía para todos y dar la comunión a los cristianos bautizados…

Cuando se retiran los catecúmenos, Petronio y Aurora se van conversando a sus habitaciones comentando sobre las enseñanzas recibidas.

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Alexandra se va con Diana y unas doncellas a la habitación nupcial que todavía no ha compartido con su esposo, pero que en este día la acaban de consagrar y le pidieron al sacerdote Junías que la bendijera…

Marco Aurelio se postra a orar en su cubículum en el que se ha mantenido durante su vida de soltero y le dice a Jesús:

“Te doy gracias Señor por todas las bendiciones con que has llenado nuestras vidas. Antes de consumar la unión tan largamente anhelada, en este día Señor mío, quiero hacerte la…

CONSAGRACIÓN DEL HOGAR Y LA FAMILIA 

Padre eterno, quiero consagrarme en el Espíritu Santo y ofrecerme a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, para ser un hijo tuyo cada vez más entregado y fiel. Ayúdame a ser un buen esposo, guía y protector de mi familia que te consagro desde hoy.

Madre María, yo.., me entrego hoy a tu Inmaculado Corazón. Acógeme bajo tu protección maternal y condúceme a tu Hijo Jesús.

Señor Jesús, a través del Corazón Inmaculado de María me consagro y me entrego a tu Sacratísimo Corazón. Haz que mi corazón sea imagen de tu Corazón, para que tú vivas cada vez más en mí.

Sacratísimo Corazón de Jesús, Inmaculado Corazón de María; con esta consagración y entrega les correspondo al Amor que me han dado en toda vuestra vida terrenal, cuando decidieron ser redentores  especialmente en el Calvario y que me siguen demostrando aún hoy…

A la vez renuevo mi consagración bautismal al Dios Uno y Trino: renuncio al pecado, al Mal y a Satanás.

Santísima Trinidad, Dios mío. Yo creo, adoro, espero y te amo. Y te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Creo en todo lo que Dios nos ha revelado y tal como nos lo enseña tu santo apóstol Pedro…

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Mientras tanto, en la habitación nupcial que ha sido preparada con esmero y decorada exquisitamente, para celebrar este importantísimo acontecimiento;  Alexandra y Diana oran fervientemente postradas en el piso…

Alexandra dice:

“Oh Jesucristo, nuestro Señor y Salvador,
Tú nos has prometido habitar siempre con nosotros.
Tú has llamado a todos los cristianos
a acercarse y compartir Tu Cuerpo y Tu Sangre.

Nosotros nos hemos alimentado de Ti… Y estás dentro de nuestro corazón.

También nos has dicho que en un hogar, el Sagrario es la habitación sagrada donde los esposos se unen Contigo, para la bendita misión de procrear nuevos hijos santificados para el Reino.

Yo te consagro mi Señor Jesús la santidad de nuestra cámara nupcial y nuestro matrimonio, para que unidos contigo, sepamos educar a nuestros hijos y llevarlos por el camino de la santidad…

Madrecita, a tu Corazón Inmaculado consagro a mi esposo y la nueva familia que vamos a formar, llévanos de tu mano para que no perdamos el camino que nos lleva hasta Jesús…

Tú que eres la Madre de Cristo y nuestra madre, te pedimos nos formes y moldees, para que ambos seamos imágenes vivientes de Jesús en nuestra familia, en la Iglesia y en el mundo.

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Tú que eres Corredentora, enséñanos a ser fieles el uno al otro, en los momentos de sufrimiento y de cruz.

Que no busquemos cada uno nuestro propio bienestar, sino el bien del otro. Que nos mantengamos fieles al compromiso adquirido ante Dios y que los sacrificios y luchas sepamos vivirlos en unión a tu Hijo Crucificado.

En virtud de la unión del Inmaculado Corazón de María con el Sagrado Corazón de Jesús, Te pedimos que nuestro matrimonio sea fortalecido en la unidad, en el amor, en la responsabilidad a nuestros deberes, en la entrega generosa del uno al otro y a los hijos que el Señor nos envíe.

Que nuestro hogar sea un santuario doméstico donde oremos juntos y nos comuniquemos con alegría y entusiasmo. Que siempre nuestra relación sea ante todos, un signo visible del verdadero amor y la fidelidad.

Te pedimos, Oh Madre Santísima, que en virtud de esta consagración, nuestro matrimonio sea protegido de todo mal espiritual, físico o material.

Que tu Corazón Inmaculado reine en nuestro hogar para que así Jesucristo sea amado y obedecido en nuestra familia.

Qué sostenidos por Su amor y Su gracia nos dispongamos a construir, día a día, la civilización del amor: el Reinado de los Dos Corazones. Amén

Y Diana concluye:

Por favor Jesús benditísimo,
Inflama nuestros corazones
con el fuego del Espíritu Santo,
concédenos el Espíritu de Sabiduría y de Fe,
de audacia y de paciencia,
de humildad y de firmeza,
del amor y del arrepentimiento,
a través de las oraciones
de la Santísima Madre de Dios
y las de todos los santos.
Amén”

Cuando terminan de orar,  se levantan y enseguida las doncellas llevan a Alexandra al unctorium, la visten y la arreglan con esmero.


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Es una novia espléndida en su alba vestidura y está lista para recibir al esposo, que llegará en cualquier momento…

Luego todas se retiran y ella se queda sola en sus habitaciones nupciales…

Es una magnífica cámara regiamente decorada, que tiene un lecho enorme, con un dosel recamado en sus bordes, con exquisitas grecas…

En una mesa junto a la terraza, han puesto deliciosos manjares para los dos cónyuges, una jarra con vino y varias copas de cristal…

Y Alexandra está parada en el piso de mármol de colores.

Entra Marco Aurelio, que la mira perdidamente enamorado y extiende las manos hacia su esposa.

Ella corresponde a su sonrisa y avanza hacia él.

9 Única es mi paloma, mi perfecta. Ella, la única de su madre, la preferida de la
que la engendró… Las doncellas que la ven la felicitan, reinas y concubinas la elogian:

10.«¿Quién es ésta que surge cual la aurora, bella como la luna, refulgente como el sol, imponente como batallones?»

11. Al nogueral había yo bajado para ver la floración del valle, a ver si la vid estaba en cierne y si florecían los granados. 12. ¡Sin saberlo, mi deseo me puso en los carros de Aminadib!
Marco Aurelio la estrechó entre sus brazos y le rozó su frente con los labios.

A Alexandra se le llenaron los ojos de lágrimas…

–           Alexandra…  -murmuró él. Sus labios encontraron una lágrima en su mejilla y le pidió- Por favor, no llores.

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–           Es de felicidad. No me hagas caso -susurró ella. Y cerró los ojos.

Marco Aurelio murmuró contra su piel suave:

–           No puedo hacer eso. Yo te adoro con todo mi ser. –Sus largos dedos se curvaron sobre su nuca y la acarició suavemente.

Como si fuera inevitable, besó sus párpados húmedos y posó la boca suave y aterciopelada en la de ella; entreabriendo sus labios, con una seguridad y ternura electrizantes.

Un canto paradisíaco evocó en una embriagadora sinfonía, los deliciosos versos del Amor, en lejanas armonías…

7. ¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias! 8. Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos.

9. Me dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas.

10. ¡Tu paladar como vino generoso! El va derecho hacia mi amado, como fluye en los labios de los que dormitan. 11. Yo soy para mi amado, y hacia mí tiende su deseo.

Ella emitió un gemido de sorpresa y el dudó un segundo. Pero luego le rodeó la cintura con un brazo, mientras deslizaba la otra mano hacia su garganta y acarició la piel deliciosamente suave que fue exponiendo lentamente, mientras desprendió los preciosos broches que sujetaban la tela de seda…

Su mano se cerró como un copón, acunando un seno turgente y la acarició con turbadora delicadeza.

A Alexandra se le aceleró el corazón…

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El calor la abrazó. El deseo se encendió y la incitó a  dejarse llevar por el torbellino que la envolvió. Sentía los latidos del corazón de Marco Aurelio junto a su pecho y su respiración acelerada.

Inhalaba el aroma limpio y varonil de su piel y saboreaba su boca. Mientras el beso se hacía más profundo, más íntimo y excitante. No se dio cuenta cuando instintivamente rodeó  el fuerte cuello masculino con los brazos y se estremeció toda…

Marco Aurelio levantó la cabeza abruptamente.

Relajó el abrazo y puso unos centímetros de distancia entre ellos…

Alexandra escuchó su respiración entrecortada…

Y enseguida dijo:

–           No pretendía ser tan intenso…

–           Yo también me dejé llevar. –replicó ella sintiéndose desorientada.

Marco Aurelio recordó los consejos de Pedro y tomó su bolso…

Es un saco de fino brocado tejido y bordado en Persia…

Sacó una cruz  de madera, como de unos cincuenta centímetros y la colgó en la pared, encima del lecho…

Luego sacó el incienso y lo arrojó sobre el pebetero.

Enseguida tomó a Alexandra de la mano y le dijo:

–           Ven hermana mía en Cristo… Oremos los dos al Altísimo y pidamos a nuestro Padre Celestial, suplicándole su Gracia y su protección, durante toda nuestra vida terrenal y en especial sobre nuestro matrimonio y nuestros descendientes…

Los dos caminaron hasta la orilla del lecho y se arrodillaron ante la Cruz…

Marco Aurelio como si fuera un sacerdote, dijo solemne:

–           Bendito seas Señor Jesús y Bendito sea tu Nombre por los siglos de los siglos. Bendito y alabado seas por todas tus creaturas y por toda tu creación, Yeové Sebaot… Tú creaste a Adán y a Eva su mujer, para que fuera su compañera y su ayuda. Y de ambos nació toda la raza humana.

Te entregamos nuestros cuerpos, nuestras almas y nuestros espíritus. Te ofrecemos nuestro amor y nuestra sagrada alianza. Únenos en ti, porque los dos seremos una sola carne, según tu Santísima Voluntad. Bendícenos Padre Santísimo. Y con el poder de tu Espíritu Santo aumenta tu amor en nosotros y fortifícanos bendiciendo nuestra unión.

Con el paso de los años, aumenta y vigoriza  tu Amor en nosotros y dame a mí la facultad de comprender y hacer sentir siempre feliz y amada, al tesoro que me has entregado en el amor de mi esposa. Ten piedad de nosotros y llévanos por tu camino, hasta nuestra vejez.

Bendice a los hijos que nos vayas a dar y a toda nuestra descendencia, con las mismas bendiciones que hoy imploro de Ti en mi sagrada unión con esta esposa santa, que he recibido de tu infinita Misericordia por mí. Y desde este momento, los dos te entregamos a nuestra descendencia y te consagramos a nuestros hijos.

Te los entregamos a todos  y te los regresamos a Ti… Danos el amor que necesitamos para amarlos desde ahorita; amarnos los dos en Ti  y adorarte a Ti en nosotros…  

Alexandra se unió y alternadamente dijeron:

–           Santísimo Amor de Jesús, te consagramos nuestros corazones, nuestras vidas y nuestras familias. Ayúdanos a realizar el plan que has trazado para nuestras vidas…

–           Realiza en nuestro hogar el bello ejemplo de Tu hogar en Nazaret, que  fue un modelo para cada una de nuestras familias. Esperamos obtener con Tu ayuda, la unión y el amor fuerte y perdurable que había en él.

–           Que nuestro hogar se llene de gozo.

–           Que el afecto sincero, la paciencia, la tolerancia y el respeto mutuo, estén siempre presentes.

–           Que nuestras oraciones incluyan las necesidades de los otros, no sólo las nuestras.

–           Que siempre estemos cerca de los Sacramentos.

–           Que tu paz esté siempre con nosotros y cuando vengan las dificultades danos consuelo y esperanza.

–           Bendice a todos los que aquí habitamos y también a los difuntos que ya han marchado hasta tu Presencia…

–           Mantén nuestras familias cerca de tu Amor y que Tu protección esté siempre sobre todos nosotros.

Marco Aurelio concluyó diciendo:

–           A vuestros corazones unidos nos consagramos y te entregamos también toda nuestra vida. Ayúdanos a santificarla Tú que eres Santo, Santo, Santo… Pater Noster…

Y la Oración Sublime se elevó, los dos la cantaron como un himno, acompañada de los ángeles custodios de ambos; que los secundaron en su petición y luego la llevaron hasta el Trono de Dios…

Luego los dos permanecieron abismados en meditación durante unos minutos…

A continuación se pusieron de pie y Marco Aurelio la llevó al diván que estaba junto a la puerta de la terraza. Y ella empezó a reír nerviosa, mientras se acomodaban entre los cojines de seda.

En el firmamento, el cielo estaba cuajado de estrellas y la luna llena iluminaba todo con un mágico esplendor.

Los dos contemplaron las maravillas con las que se adornaba la noche y un suspiro de admiración  escapó de sus pechos casi al mismo tiempo.

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Enseguida,  Marco Aurelio alargó su mano hacia la mesa donde había unos platones con diversos manjares, frutas y una jarra con vino.

Escanció el licor  en las copas y luego tomó de una fuente de cristal un fruto qué le ofreció a Alexandra,

mientras sonreía en una manera fascinante y como no lo había hecho nunca antes.

Era una fruta almibarada con forma como de ciruela, que acercó invitador hasta los rosados labios femeninos, sujetándolo entre el pulgar y el índice, mientras la miraba en una forma…

Ella se ruborizó intensamente y sintió que se ahogaba… Totalmente turbada,  alcanzó a murmurar:

–                     ¿Qué es?

Marco Aurelio respondió:

–                     No tengo ni idea, pero parece delicioso… es… ¿Un higo quizá?… – Y lo deslizó en su boca.

Era dulce y suculento.

Marco Aurelio contemplándola, le acarició el labio inferior con el pulgar, dejando un rastro de almíbar…

Instintivamente, Alexandra se pasó la lengua por los labios y lo miró perdidamente enamorada…

Sus miradas se cruzaron y ella sintió un escalofrío de excitación sexual que la dejó mareada y sin aliento.

¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve, vuelve, que te miremos! ¿Por qué miráis a la Sulamita, como en una danza de dos coros? 2. ¡Qué lindos son tus pies en las sandalias, hija de príncipe! Las curvas de tus caderas son como collares, obra de manos de artista.

3. Tu ombligo es un ánfora redonda, donde no falta el vino. Tu vientre, un montón de trigo, de lirios rodeado. 4. Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela…

5. Tu cuello, como torre de marfil. Tus ojos, las piscinas de Jesbón, junto a la puerta de Bat Rabbim. Tu nariz, como la torre del Líbano, centinela que mira hacia Damasco.

6. Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, y tu melena, como la púrpura; ¡un rey en esas trenzas está preso! 7. ¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias! 8. Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos.

9. Me dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas…

Los ojos de Marco Aurelio se oscurecieron y le tembló levemente la mandíbula. Sonrió…

Y sin apartar los ojos de ella, extendió el brazo por detrás del sofá y lo dejó allí. Acariciándole el hombro con los dedos…

–                     ¿Te gustó?…  ¿Está exquisito verdad?…  -Preguntó quedamente.

Y le rozó con los labios detrás la oreja, mientras su aliento perfumado le cortó a ella la respiración.

Alejandra incapaz de hablar, asintió con la cabeza y consiguió esbozar una sonrisa.

El contacto de sus dedos y el leve roce de sus labios la abrasaban…

No recordaba haber estado nunca tan consciente de otro ser humano, como ahora. Se mordió el labio y se sintió anonadada porque jamás había sentido el huracán de sensaciones que la arrebata en este momento…

Él se había dado la vuelta buscando otra delicia con qué tentarla…

Pero solo jugó un poco con la fruta y volviéndose de repente, tomándola desprevenida; la atrapó entre sus brazos…

Una oleada de deseo incontenible, la envolvió como un torbellino…

Y fue como las otras veces que su esposo la había besado… Pero también diferente.

Aunque sintió la misma oleada de deleite inesperada y abrumadora, la fuerza erótica de su boca incluía algo nuevo e inexplicable…

Mi amado es fúlgido y rubio, distinguido entre diez mil. 11. Su cabeza es oro, oro puro; sus guedejas, racimos de palmera, negras como el cuervo.

12. Sus ojos como palomas junto a arroyos de agua, bañándose en leche, posadas junto a un estanque. 13. Sus mejillas, eras de balsameras, macizos de perfumes. Sus labios son lirios que destilan mirra fluida. 

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14. Sus manos, aros de oro, engastados de piedras de Tarsis. Su vientre, de pulido marfil, recubierto de zafiros.

15. Sus piernas, columnas de alabastro, asentadas en basas de oro puro. Su porte es como el Líbano, esbelto cual los cedros.

16. Su paladar, dulcísimo y todo él, un encanto. Así es mi amado, así mi amigo, hijas de Jerusalén.

Si su ternura la derretía, su pasión era irresistible.

Y un deseo avasallador, como la lava de un volcán en erupción, la envolvió toda…

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Esta es una maravillosa revelación y un asalto a todos sus sentidos…

Por sus venas sintió que su sangre se convirtió en fuego líquido, que la envolvía completamente.

Y perdiendo la inhibición le devolvió el beso con hambre y deseo, saboreándolo intensamente.

Huerto eres cerrado, hermana mía, novia mía, huerto cerrado, fuente sellada. 13. Tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos.14. Nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos.

15. ¡Fuente de los huertos, pozo de aguas vivas, corrientes que del Líbano fluyen! 16. ¡Levántate, cierzo, ábrego, ven! ¡Soplad en mi huerto, que exhalen sus aromas! ¡Entre mi amado en su huerto y coma sus frutos exquisitos!

Le rodeó el cuello con los brazos y él se quedó inmóvil por un momento, como si lo sorprendiera.

Luego enredó los dedos en su cabello y el beso se hizo más profundo. Sus cuerpos se entrelazaron…

Marco levantó la cabeza y le puso las manos en las caderas. Tenía los ojos oscuros y el rostro arrebolado.

Y le dijo con voz ronca:

–                     Respecto a la comida…

Los brazos de Alexandra seguían alrededor de su cuello y ella le lanzó una mirada provocativa,

mientras preguntó:

–                     ¿Cuál comida?

–                     La que pensaba que tomaríamos con el vino. –explicó él aturdido, señalando las copas sobre la mesa.  –Antes de…

–                     ¿Pretendes emborracharme?

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Marco Aurelio soltó una deliciosa carcajada, antes de decir con voz suave:

–                     Relajarte un poco, sí… –Sus labios se curvaron divertidos- Creí que tenías miedo.

Ella replicó estremeciéndose por los nervios:

–                     Tiene que haber una primera vez.

¡Mi amado metió la mano por la hendedura; y por él se estremecieron mis entrañas. 5. Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos destilaron mirra, mirra fluida en mis dedos, en el pestillo de la cerradura.

6. Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido de largo. El alma se me salió a su huída. Le busqué y no le hallé, le llamé, y no me repondió…

Marco Aurelio repuso serio:

–                     No tiene que ser hoy… No si prefieres esperar…

Algo se derritió dentro de ella…

A pesar de todo por lo que habían pasado y del deseo que había crecido de manera tan avasalladora y que él no había logrado ocultar…

Seguía dispuesto a dejar que ella marcara el ritmo. Era un gesto de caballerosidad tan inesperado como conmovedor…

Alejandra sonrió y dijo:

–                     No quiero esperar. –Su mirada se volvió provocativa y preguntó- ¿Y tú?…

Marco Aurelio soltó la carcajada y exclamó:

–                     Entre todas las preguntas absurdas, mi adorada esposa… ésta se lleva la corona de laurel…

Volvió a besarla apagando sus risas con la boca…

2. Yo dormía, pero mi corazón velaba. ¡La voz de mi amado que llama!: «¡Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta! Que mi cabeza está cubierta de rocío y mis bucles del relente de la noche.»

3.- «Me he quitado mi túnica, ¿cómo ponérmela de nuevo? He lavado mis pies, ¿cómo volver a mancharlos?»

Y ella lo abrazó con fuerza, devolviéndole el beso sin inhibiciones. Provocándolo con la lengua y los dientes…

Él jadeó:

–           ¿Dónde aprendiste a besar así? –Y se echó hacia atrás mientras la miraba con ojos brillantes.

–           Tú me enseñaste… –Lo provocó ella- ¿Te quejas?

–           ¡Oh! Cielos. ¡No!…

Y sin previo aviso, la tomó en sus brazos y la llevó hasta el lecho.

La depositó sobre él y volvió a besarla con ternura, mientras la desvestía con suma delicadeza…

Ella quedó desnuda sobre la cama y Marco Aurelio quedó mudo de admiración ante su impactante hermosura…

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Después de unos segundos llenos de suspenso, él suplicó:

–           Déjame contemplarte. Todavía no puedo creer que seas mía…

Ella sintió que un rubor intenso la recorría desde la cabeza hasta los pies…

Y agarró un cojín de seda para ponérselo sobre el rostro. Se moría de vergüenza…

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Él  admiró su cuerpo escultural y perfecto y aquellos senos turgentes y bellísimos.

Sus piernas largas y muy bien torneadas. Su vientre tan puro y tan invitante.

Era como una rosa que en todo su esplendor y estaba allí…

Solamente para él. 

Por un largo momento quedó como deslumbrado…

Luego se levantó y con movimientos rápidos, se despojó de su ropa y fue por las copas de vino.

Mientras tanto Alejandra apartó la almohada de su rostro y lo vio cuando estaba de espaldas…

Se le cortó el aliento al descubrir su cuerpo vigoroso, atlético y perfecto…

Admiró su magnífica belleza y acarició con la mirada su elegante figura.

Es un hombre con un porte muy majestuoso…

16.- ¡Qué hermoso eres, amado mío, qué delicioso! Puro verdor es nuestro lecho.17.- Las vigas de nuestra casa son de cedro, nuestros artesonados, de ciprés…
3.- Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi amado entre los mozos. A su sombra apetecida estoy sentada, y su fruto me es dulce al paladar.

Y recordó los versos del Cantar de los Cantares…

Pues su corazón palpita aceleradamente, al compás de un himno celestial, que en su memoria los repite con una cadencia maravillosa…

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Realmente el Rey Salomón describió el Amor con una poesía incomparable…

EL AMOR SE ALIMENTA DE ADMIRACIÓN.

Ella se considera una mujer muy afortunada, pues Marco Aurelio  es un hombre muy apuesto y muy hermoso también por dentro…  

¿Qué es eso que sube del desierto, cual columna de humo sahumado de mirra y de incienso, de todo polvo de aromas exóticos? 7. Ved la litera de Salomón. Sesenta valientes en torno a ella, la flor de los valientes de Israel:

8. todos diestros en la espada, veteranos en la guerra. Cada uno lleva su espada al cinto, por las alarmas de la noche.9. El rey Salomón se ha hecho un palanquín de madera del Líbano.

10. Ha hecho de plata sus columnas, de oro su respaldo, de púrpura su asiento; su interior, tapizado de amor por las hijas de Jerusalén. 11. Salid a contemplar, hijas de Sión, a Salomón el rey, con la diadema con que le coronó su madre el día de sus bodas, el día del gozo de su corazón.

La inocente esposa lo contempló con el corazón acelerado, sintiendo que un delicioso deseo invadía todo su cuerpo. Y la hizo estremecer de expectación…

Él regresó muy sonriente y depositó las copas con vino sobre la mesilla de noche. Luego colocó las almohadas para que ella se acomodara. Se tumbó a su lado,le ofreció una copa…

Y brindó:

–           Por nuestro amor, nuestro hogar y nuestros hijos…

Sin dejar de mirarla a los ojos, bebió la mitad de un trago.

Alexandra bebió solo un sorbo.

Marco se acercó y ella sintió su lengua en sus labios, saboreando el vino directamente de su boca. Sin poder contenerse dio un gritito de sorpresa y él se apartó…

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La miró interrogante:

–                     ¿No te gusta?

Alexandra está turbadísima por el asombro y logró balbucir:

–                     ¡No!… Quiero decir… ¡No es eso!…

–                     Entonces, ¿Si te gusta?

–                     Sí. –contestó ella bebiéndose de un golpe, un buen trago de vino.

Marco sonrió comprensivo y agregó mirandola provocativo:

–                     Bien. Avísame si hago algo que no te guste. –introdujo un dedo en la copa y luego lo puso en la base del cuello femenino, junto a su clavícula derecha.

Ella sintió la frescura del vino, antes de que él inclinara la cabeza y le lamiera despacio y suavemente el vino.   Alexandra entreabrió los labios y sintió que una llama la envolvía y le quemaba las mejillas.

Marco volvió a besarla, profunda y exigentemente.

Y la apretó contra las almohadas.

Ella derramó parte del vino de su copa… antes de lograr equilibrarla.

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Nuevamente los envolvió el deleite de sentir mutuamente, la ola del anhelo arrebatador, el deseo exigente de posesión y la fascinación del amor pleno…

¡Que me bese con los besos de su boca! Mejores son que el vino tus amores;3. Mejores al olfato tus perfumes; ungüento derramado es tu nombre, por eso te aman las doncellas…

Cuando terminó de besarla, los dos estaban aturdidos…

¡Vaya que El amor es más embriagador que el vino…!

Él tenía el hombro mojado de licor y unas gotas se deslizaron por su pecho…

Atrevida, ella se inclinó sobre él y las recogió con la punta de su lengua…

Marco Aurelio inhaló con fuerza… Acabó el resto de su copa de un trago y la dejó sobre la mesilla.

Ella estaba nerviosa y fascinada al mismo tiempo…

Me robaste el corazón, hermana mía, novia mía, me robaste el corazón con una mirada tuya, con una vuelta de tu collar. 10. ¡Qué hermosos tus amores, hermosa mía, novia mía! ¡Qué sabrosos tus amores! ¡Más que el vino!

¡Y la fragancia de tus perfumes, más que todos los bálsamos!11. Miel virgen destilan tus labios, novia mía. Hay miel y leche debajo de tu lengua y la fragancia de tus vestidos, es como la fragancia del Líbano.

beso

Él volvió a besarla y la acariciaba en tal forma, que la envolvió en una ola de placer, como jamás imaginó que pudiera existir. Se estremeció…

Y él le quitó la copa de vino y la puso sobre la mesilla.

Mientras la besaba en la frente,

le dijo con mucha ternura:

–                     No tienes por qué tener miedo.

Ella replicó:

–                     No es miedo, mi amor. Comparto el mismo anhelo que tú…

Marco Aurelio volvió a besarla y sus embriagadoras caricias fueron delineando cada centímetro de su piel, transmitiéndole su deseo y su adoración de una manera inequívoca.

Él la disfrutó con todo el amor y el deleite que ella le inspiraba.

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Y ella aprendió los secretos maravillosos que encierra, el amor compartido en un lecho matrimonial bendecido por Dios…

 12. Huerto eres cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado, fuente sellada. 13. Tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos:

14. nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos.

Y la amorosísima respuesta femenina a cada una de sus caricias, los hizo elevarse en las cumbres del placer una y otra vez hasta que, él intentó penetrarla y la frágil barrera lo detuvo…

Su rostro se contrajo y se quedó quieto, esperándola y respirando lentamente. Luego…

Le dijo dulcemente en su oído:

–                     Lo siento cariño… Si quieres parar…

Por toda respuesta, Alexandra se arqueó contra él y el dolor la hizo gritar.

Enseguida la barrera desapareció y el dolor disminuyó.

Poco después, una inmensa ola de deleite los envolvió a los dos y un júbilo infinito los hizo abrazarse con fuerza…

Por un momento, fue como tocar el Cielo…

Es una vorágine de felicidad increíble…

La unión de las almas y de los espíritus, es más deliciosa todavía, que la de los cuerpos. Y el amor total solo lo disfruta, quién por la Gracia de Dios, lo experimenta…

No hay nada más paradisíaco, que la plenitud absoluta que da el sentirse por fin completos…

Y en los dos hubo una explosión de deleite, simplemente maravilloso.

Después de unos minutos increíbles…

Yo soy el narciso de Sarón, el lirio de los valles. 2.- Como el lirio entre los cardos, así mi amada entre las mozas. 3.- Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi amado entre los mozos. A su sombra apetecida estoy sentada, y su fruto me es dulce al paladar.

4. Me ha llevado a la bodega, y el pendón que enarbola sobre mí es Amor. 5. Confortadme con pasteles de pasas, con manzanas reanimadme, que enferma estoy de amor. 6. Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza. 

Marco Aurelio se quedó descansando, con la cabeza entre los senos turgentes, saciados y embriagadores, de Alexandra.

Los dos tienen los labios doloridos y destilando la miel del deseo largamente acariciado y sin poder creer lo que es al fin, la gracia de la posesión total…

Mientras el rey se halla en su diván, mi nardo exhala su fragancia.13. Bolsita de mirra es mi amado para mí, que reposa entre mis pechos.

Después de unos minutos maravillosos…

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Temblorosos y jadeantes, recuperaron poco a poco la calma…

–                     ¿Estás bien?  -preguntó él, besándola.

Ella replicó:

–                     Perfectamente. ¿Y tú?

–                     ¿Necesitas preguntarlo?  -Volvió a besarla-  Esperaba que esto fuera perfecto. Pero jamás imaginé que sería tan fantástico… ¡Esto no lo había vivido jamás!

–                     Yo tampoco hubiera podido imaginarlo siquiera… Todo es… ¡Es tan increíble!… ¡Gracias, Marco Aurelio! Gracias esposo mío, por hacerme tan feliz…

6Ponme cual sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque es fuerte el amor como la Muerte, implacable como el seol la pasión. Saetas de fuego, sus saetas, una llama de Yahveh.

7. Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se granjearía desprecio.

Marco aurelio exclamó jubiloso:

–           ¡Gracias a Dios!. Cuando el amor se hace entre Tres… Y Es el Inventor del Matrimonio el que lo complementa… ¡El resultado es sensacional!.  ¡Oh vida mía! ¡Gracias por ser cómo eres y por haberme hecho conocerlo a Él!

Alexandra lloró de felicidad.

Y exclamó:

–     Es verdad. Solo Él pudo regalarnos una experiencia tan maravillosa…  

Los dos están emocionados y dichosos, saboreando todavía las mieles que da la plenitud del amor verdadero y correspondido…

Luego Marco Aurelio, siguiendo a un pensamiento interior,

la invita:

–        Ahora vamos a arrodillarnos para manifestárselo… Al Señor una Alabanza eterna por hacernos tan dichosísimos…  ¿Qué te parece?

–       Me parece muy bien…  -dijo ella mirándolo con adoración.

Marco Aurelio suspiró profundamente y exclamó:

–       ¡Cuando Petronio sepa de lo que se ha perdido!…

Ella le advirtió:

–        ¡No irás  a contarle, Marco!…

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–       ¿Por qué no? Una cosa es la lujuria satisfecha y otra muy diferente lo que acabamos de vivir tú y yo. ¡Para esto nos creó Yeové! ¡Esto es lo que el mundo tampoco conoce!… El Don más sagrado de Dios, con el deleite supremo DADO  por ÉL…

Otra cosa más que Satanás nos ha arrebatado y sin que nos demos cuenta. Es por eso que lo ensucia con tanta bajeza…

–       Definitivamente así es. Pero sería mejor esperar a que Petronio se bautice. Cuando conozca al Señor…

–       Tienes razón, mi vida.  Ahora no lo entendería… 

A Alexandra le agradó haberle gustado. Se siente como si flotara…

Y con una embriaguez tan deliciosa, como si se hubiese tomado toda la jarra de vino…

000universo1

Cuando él se retiró de ella, tuvo una sensación de vacío y pérdida…

Ya he entrado en mi huerto, hermana mía, novia mía; he tomado mi mirra con mi bálsamo, he comido mi miel con mi panal, he bebido mi vino con mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!

Y los dos simultáneamente pensaron:

¡Así que esto es el verdadero amor!

¡De verdad que el sexo, solamente Dios pudo haberlo creado tan inefable y extraordinario!

¡Lo que acaban de vivir, realmente ha sido una experiencia sobrenatural! ¡Es una dicha tan indescriptible!

Es lo más parecido y solo inferior, al éxtasis que se vive con la Oración de Contemplación. 

Y desde lo más profundo de su alma, elevaron una plegaria de agradecimiento al Creador…

El Sacramento del Matrimonio cristiano incluye la Luna de miel entre Tres y es la única manera de saborear el don maravilloso por el cual Dios Creador, hizo al hombre y a la mujer tan únicos y tan distintos.

Para que al unirse en Dios, conozcan el Amor Total, se complementen y se amen, de una manera perfecta.

Y una vez más en aquella noche inolvidable, los dos se arrodillan a orar…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONÓCELA

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